Mi vida misma (y III)

Por admin

Moscú, jueves 25 de octubre de 1990

Tras la intensa excursión a la “República de Plastcar” y la interesante dosis de usos y costumbres soviéticas a base de música, pescado ahumado, pan con tocino y vodka y más vodka, Diego atisbó por la ventanilla la llegada a la ciudad de Voronezh y, para nuestra sorpresa, nos sacó del tren a la carrera. Una vez en tierra, nos explicó su plan: irnos con él a Kiev y, una vez allí, falsificar el pertinente certificado de nuestra estancia en Bakú. Tras unos días de asueto en su casa, podríamos regresar triunfantes a Moscú fingiendo que habíamos viajado hasta Azerbaiyán siguiendo obedientemente las directrices de la comisión que dictó nuestro ejemplar castigo como perdedores del campeonato de mus.

Tras unas tres horas de espera en Voronezh y otras tantas de viaje ferroviario, desembarcamos en la capital ucraniana en medio de unas lluvias torrenciales, precedidas más o menos a la altura de Sumska por un alegre pronóstico climatológico de Mesa que había anunciado sol a troche y moche (sin comentarios). En la estación agarramos un taxi y nos plantamos en casa de Diego, que vivía alojado por una simpática ancianita que, además de adorar la confección de todo tipo de compotas y mermeladas caseras, le cobraba un ínfimo alquiler mensual por una habitación en su domicilio. (NOTA: los estudiantes españoles en la URSS vivimos en residencias o pisos alquilados. Es común que los veteranos se instalen en casas y abandonen la vida destartalada de residencia. Hasta hace muy poco, los soviéticos no podían alquilar sus apartamentos a terceras personas. Tampoco alojar a extranjeros. Sin embargo, la Perestroika ha dado cobertura legal a ese tipo de prácticas).

Como estábamos rendidos por el viaje y el desenfreno acumulado por el campeonato de mus y sus estragos, nos tomamos una sopita de remolacha y patata que nos preparó la señora Svetlana, la casera de Diego, y nos fuimos a la cama más a gusto que un arbusto. Bueno, lo de cama fue sólo cierto para el anfitrión: Mesa y un servidor tuvimos que improvisar sendos catres dadas las estrecheces del piso y la escasez de camas. Aún así y todo, dormimos del tirón y como la seda.

Al día siguiente nos lanzamos a las calles de Kiev con dos propósitos fundamentales: 1. Encontrar a Modesto, un estudiante de Trebujena que al parecer era un maestro de la falsificación (entre otras disparatadas cosas), para que nos ayudara a confeccionar el certificado de nuestra estancia en Bakú y así salvar el culo ante la panda de sádicos que nos había mandado a morir a Azerbaiyán. Y 2. Aprovechar el accidentado viaje para conocer la capital de Ucrania, al parecer la ciudad con más zonas verdes del mundo y en la que, según nos contó Diego, habitan 130 nacionalidades y grupos étnicos diferentes. Pedazo de Babel.

El encuentro con el bueno de Modesto resultó un acontecimiento mítico e inesperado. Se trata de un tipazo y todo un personaje, más salao que el bacalao. Tiene unos treinta y tantos tacos y lleva cinco años viviendo en la URSS, donde estudia para payaso. Sí amigos, han leído bien. Los soviéticos veneran de tal manera el circo que han convertido los oficios circenses en disciplinas académicas con rango universitario. Alucinante. Tras pasar un tiempo en la escuela adscrita al circo de Moscú, Modesto está ya en su último año de carrera en Kiev y a punto de licenciarse. Es posiblemente el tío más gracioso que jamás haya conocido, además de una enciclopedia andante, un extraño erudito de la política soviética y un mago consagrado del chanchullo y el cambiazo. Muy buena gente, la verdad. (NOTA: a) Prueba de la pasión de los bolos por el arte circense es que hay unos 70 circos permanentes en el país y otros 50 de carácter móvil que recorren la URSS de cabo a rabo. Es común que incluso las ciudades más remotas tengan la visita de 5 ó 6 circos cada año. b) Prueba de la pasión de Modesto por el circo es que termina todas sus aseveraciones con un “te lo juro por Popov”, un legendario payaso reconocido en el mundo entero que en 1969 recibió el título honorable de Artista Nacional de la Unión Soviética y que le dio clase cuando estudió en Moscú).

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Circo de Kiev, 1990. Obsérvese el pedazo de edificio.

De los días pasados en Kiev con el payaso de Trebujena destaco los siguientes capítulos:

a) La falsificación. Informado de nuestra disparatada situación, se puso manos a la obra y en unas pocas horas nos confeccionó un documento falso a través del cual la oficina de turismo de Azerbaiyán invitaba a la Asociación de Estudiantes Españoles en la URSS a visitar su país. Los medios para la elaboración del susodicho documento fueron básicamente el fibroso y simpático Rzayev Bahruz, una joven promesa azerbayana del equilibrismo circense que le ayudó con la redacción del texto, y una patata con la que Modesto fabricó en un plís plás un sello “oficial” capaz de engañar al más perspicaz de los burócratas soviéticos.

b) La guasa gaditana. Modesto no solamente es un excelente falsificador o, como dice Diego, “conseguidor”, además tiene una gracia hilarante que exhibe sin cortarse un pelo siempre que puede. Va una anécdota al respecto: como la cuestión alimenticia atraviesa un momento delicado con cartillas de racionamiento incluidas, se ha establecido el principio básico de que los niños, las embarazadas y los ancianos tienen prioridad con los alimentos de primera necesidad, pudiendo saltarse alegremente cuanta cola encuentren a su paso. Por lo que he podido comprobar, la situación en Kiev es todavía más delicada que en Moscú, con un desabastecimiento evidente. Bien, pues el pasado martes nos topamos con una tienda muy cerca de la Plaza de los Cosmonautas en la que, milagrosamente, vendían leche fresca y carne en buen estado. La cola era kilométrica y suponía tener que esperar horas, con la posibilidad más que manifiesta de que cuando llegara nuestro turno las existencias se hubieran terminado. Ni corto ni perezoso, Modesto sacó de su bolsillo un carné de veterano de la Segunda Guerra Mundial, un parche que se colocó en un ojo y unas gastadas medallas militares que se puso en el pecho, se acercó a la superpoblada tienda de comestibles fingiendo una notable cojera y, blandiendo su carné al viento, exigió su ración de alimentos sin cola ni espera que valiera, dada su condición de veterano de guerra y héroe de la patria. Ejem. En cuestión de segundos, la masa que esperaba pacientemente su ración de productos lácteos y proteína animal se convirtió en una turba que clamaba por el pellejo de ese individuo capaz de tanta desfachatez como para presumir de héroe de la guerra contra los nazis no teniendo ni cuarenta años cumplidos. Entonces, Modesto comenzó una parodia divertidísima de la vida soviética y un show tan alucinante que, milagrosamente, la gente cambió la ira por risas y aplausos desatados. Para nuestro asombro, las empleadas del establecimiento acabaron pagando al bueno de Modesto con doble ración de carne y leche. Mítico. (NOTA: lo de los ancianos cargados de condecoraciones es común en las calles de las ciudades y pueblos de la URSS. Me contó el Negro que la medalla que se lleva la palma es la de Héroe de la Unión Soviética (Герой Советского Союза), que incluye la Orden de Lenin (Орден Ленина), que se entrega a la peña por servicios destacados al Estado, a militares que han servido ejemplarmente e incluso a ciudades, fábricas modélicas, artistas, políticos y un largo etcétera. Dos mecánicos americanos de aeronaves la recibieron en 1934 por su curro en el rescate de la nave Cheliuskin. En total, más de 12.000 personas han sido premiadas con la medalla de Héroe de la URSS, la gran mayoría por su compromiso en la defensa del país en la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, en las clases de historia que tenemos nos han explicado que esa guerra aquí la llaman Gran Guerra Patria (Великая Отечественная война). Josemi, al que le van esas cosas mogollón y sabe un huevo, me contó que en el frente oriental, el de los bolos, es donde realmente se dirimió la derrota de los nazis. Como los soviéticos no empezaron a combatir hasta 1941, las fechas son diferentes a las que normalmente se estudian en España. Lo flipante es que la URSS pagó con la muerte de 27 millones de personas la victoria frente a las tropas alemanas. Te cagas. Por eso dice Juancar que los europeos estamos en deuda con los bolos y que aunque se vende la moto de que los americanos salvaron al mundo, fue la URSS la que dio más el callo).

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La susodicha Orden de Lenin

c) La erudición soviética. Modesto lo sabe todo de la política de la URSS. Es la caña, no se le escapa ni una fecha, ni un nombre. Un auténtico prodigio. Él dice que mola porque es como si cruzas un culebrón de la tele con el Risk. Como disfruta más que un tonto con una tiza hablando de política, me pilló por banda una de las tardes en Kiev y me dio un repaso que te cagas a la realidad bola. Yo lo copié todo en un par de servilletas. Resulta que, pizca más o menos, se está yendo todo al garete con una velocidad que asusta. A principios de mes la gente se lanzó a las calles de Kiev para pedir la independencia de Ucrania. Modesto estuvo en la manifestación y dice que fue la leche. La poli protegió la estatua de Lenin que hay en el centro de la ciudad porque temían que la echaran abajo. La cosa está que arde, pero no sólo en Ucrania, sino por todo el país. En febrero de este año el Comité Central del PCUS aprobó la renuncia a su monopolio del poder y se puso a estudiar un proyecto de disgregación de las repúblicas que componen la URSS. En marzo Lituania declaró su independencia de manera unilateral y, pocos días después, el mismo Gorbachov la ilegalizó, creándose una tensión tremenda con los lituanos que se extendió por todo el Báltico y salpicó a otras partes del país. (NOTA: Modesto hizo mucho hincapié igualmente en que la trapecista Pinito de Oro ganó en España el Premio Nacional de Circo también el pasado marzo. Ejem. No creo que ese dato sea relevante para entender lo que pasa por estos lares). Sigamos. En julio la república de Bielorrusia declaró su independencia de la URSS. Más lío todavía. Ese mismo mes, un tal Yeltsin se piró del PCUS y comenzó a hacerle la guerra a los comunistas. Pocos días después, Armenia, Ucrania, Turkmenistán y Tayikistán reclamaron también su soberanía. La cosa se ponía chunga. Gorbachov dijo que había que empezar a repartir jarabe de palo entre los secesionistas y su ministro de exteriores (un tal Shervardnadche, un tío muy famoso por estas tierras) dimitió de su cargo y le apretó las tuercas. Por suerte para el presidente, hace tan sólo diez días la comunidad internacional le rindió tributo y recibió el Premio Nobel de la Paz, cosa que es la caña, porque nadie lo quiere ni ver en su propio país y, entre la crisis económica, las repúblicas que dicen que se piran y una oposición que crece como la espuma entre la camarilla de burócratas, está más que jodido. Dice Modesto que el Yeltsin ese es más malo que la peste y que tiene una lengua viperina que agita a la peña que te cagas. Hace poco Gorbachov le tiró los tejos a la oposición con un programa de reformas conciliador y el tío se rió en su cara y le dijo que eso era “como querer unir una serpiente con un erizo”. La frasecita ya anda de boca en boca por todos lados. En resumidas cuentas, a este país le queda un telediario según el payaso de Trebujena. Bueno, no sólo a este país: toda la Europa del este anda agitada desde la caída del muro de Berlín el año pasado. Hace tres semanas la República Federal de Alemania (RFA) engulló a la República Democrática Alemana (RDA) y ya son el mismo Estado. Dice Modesto que la movida va muy rápido. Ya veremos qué pasa, pero yo no tenía ni papa de todo esto y ahora me ha picado el gusanillo con los tejemanejes y las desintegraciones generalizadas que hay por estas tierras. Eso de la política y las movidas que hay por estas tierras, tal y como lo cuenta el nuevo amigo circense, es la caña. Me recuerda que te cagas a los procesos de ósmosis: dos recipientes con soluciones a diferentes concentraciones (los burócratas que dicen que siguen siendo comunistas y los que dicen que ya no lo son) se ponen en contacto por medio de una membrana semipermeable (sus ganas de hacerse con el control del cotarro). Por lo que oigo a la peña de la calle (que no pertenecen a ninguna de los dos recipientes) y lo chunga que está la situación, el flujo osmótico bolo no parece que vaya a llevar al sistema a su estado de equilibrio. La segunda ley de la termodinámica es impepinable: el proceso es irreversible e imparable y este país destila entropía por los cuatro costados. Un caos de la leche, vamos. Mola. Creo que a partir de ahora leeré el periódico antes de limpiarme el culo con él (práctica generalizada desde hace semanas dada la desagradable ausencia repetida de papel higiénico en las tiendas ).

2 respuestas a “Mi vida misma (y III)”

  1. El mundo de estudiantes » Mi vida misma (y III)
    abril 1st, 2008 05:38
    1

    […] desconocido ha escrito un post muy interessante aAqui es un resumen rapido(NOTA: los estudiantes españoles en la URSS vivimos en residencias o pisos alquilados. Es común que los veteranos se instalen en casas y abandonen la vida destartalada de residencia. Hasta hace muy poco, los soviéticos no podían … […]

  2. tuvalú
    noviembre 13th, 2008 16:47
    2

    He hecho un corta pega de parte de este post sobre lo que escribes de Modesto, se puede ver aquí: http://trebujena.wordpress.com/2008/11/13/moscu-jueves-25-de-octubre-de-1990/

    Saludos

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