Crimen y castigo…

Por admin

Moscú, madrugada del miércoles 17 de octubre de 1990

Las aguas asturianas han bajado algo más tranquilas hoy: el Cangas ha logrado vengar la dolorosa afrenta que sufrió ayer, cuando León y Víctor se desayunaron el queso que le había enviado su familia. Y vaya que si ha saciado su sed de venganza: el castigo a los matemáticos de Cocentaina ha sido espantoso y ejemplar. He de reconocer que me he alegrado, porque comerse con total alevosía el queso ajeno es algo terrible dadas las estrecheces alimenticias que pasamos por aquí, pero al mismo tiempo los pobres me han dado una pena enorme. A ratos me asusta la deriva cuartelera que observo en la comunidad hispana…

La mañana nos ha deparado la primera reunión oficial del curso de la comunidad española de estudiantes en Moscú. Dicha comunidad no es solamente una realidad informal, sino que formamos parte de la Asociación de Estudiantes Españoles en la Unión Soviética, con su presidente, su junta directiva, su sello y todo. Se trata de un organismo reconocido por el Estado Soviético y que agrupa a los estudiantes españoles que estamos repartidos por las diferentes universidades del país (NOTA: lo de “estudiantes españoles” es objeto permanente de polémica con los vascos y algunos catalanes, pero para no liarse y, sobre todo, para no liar a los soviéticos, la cosa se mantiene. Eso sí, Beñat, un chaval de Hernani que estudia tercero de Economía –sí amigos, otro vasco que estudia esa materia en “el paraíso del Plan Quinquenal”, como diría mi abuelo-, no pertenece a la asociación ni asiste a reunión alguna. Gorka tampoco ha ido a la de hoy y dice que pasa de registrarse. Aunque también hay peña del País Vasco que está en la asociación y no pasa nada). Como la reunión ha estado motivada por “las guerras sirias” y ha tenido carácter extraordinario, los estudiantes españoles que están desperdigados por Leningrado, Kiev y otros lugares, no han asistido. También ha habido ausencias significativas, entre las que cabe destacar la de las dos gemelas del KGB y la de Víctor y León (conocidos ya como “Los dos de Cocentaina”), que continuaban escondidos ante la ira ingobernable del Cangas. El encuentro nos ha permitido a los novatos conocer a los más veteranos, entre los que se cuenta el propio presidente de la asociación: Pepe, un murciano que lleva ocho años en Moscú y está terminando ya su tesis doctoral (aquí se llama “Aspirantura”). El tipo me ha parecido un estirao y un desaborío como la copa de un pino.

El orden del día de la reunión ha sido el siguiente: 1. Estrategia y táctica en el frente sirio. 2. El caso de los matemáticos zampa quesos y su correspondiente castigo por obrar de manera tan insolidaria con el Cangas. Vayamos al relato de la asamblea de marras y sus derivados.

Los más mayores, con Josemi a la cabeza, nos han informado de que han tenido un encuentro con los sirios y han conseguido sacarles un alto el fuego a condición de que el Cangas cambie de habitación y se sitúe en una del quinto piso, lejos del mundo árabe y, atención, no le dirija la palabra nunca más a ningún estudiante sirio. Se han mantenido igualmente encuentros con los estudiantes palestinos y los libaneses, con los que hay un buen rollo de la leche, tanto que han prometido alianza eterna con nosotros en caso de que Siria vuelva a la carga. Esperemos que la cosa aguante, aunque yo no las tengo todas conmigo: esta noche me he cruzado a un sirio en las duchas y se ha tirado diez minutos de reloj metiéndome la chapa medio en árabe, medio en ruso, medio en inglés mientras yo me enjabonaba. Ni papa de lo que me decía, pero a juzgar por el tono y la cara de cabreo, no me imagino nada bueno. Pero lo peor no ha sido eso, sino que el inconsciente iba descalzo (¡en esas duchas con más roña que el palo de un gallinero!) y, en mitad de una frase impronunciable, ha pisado una auténtica mierda vietnamita que un enjuto y humilde estudiante del país asiático había depositado minutos antes protegido por los vahos del pasillo. Ozú lo mal que lo he pasao aguantándome la risa para que el sirio no se mosqueara y se liara otra vez la marimorena. Ni que decir tiene que a) la anécdota ha dado ya la vuelta al mundo hispano y las duchas han sido bautizadas como “el campo minas”; y b) exactamente a las 22:37 se ha iniciado la primera guerra sirio-vietnamita del año, que a las 23:05 era ya la primera guerra sirio-vietnamita-hindú, porque unos desaprensivos y miopes alawitas han arrojado (literalmente) por una ventana a un pobre y pacífico estudiante de Calcuta al que han confundido con el dueño del zurullo de las duchas, motivo por cual los indios han olvidado al padre Gandhi por unas horas y se han liado a mamporros…

Llegados a este punto seguramente se estén preguntando cómo es posible que un truño de vietnamita haya llegado hasta las duchas. Bueno, digamos que no es algo nuevo en la residencia de Lomonosov: yo lo llamo “el problema de la ausencia de río”. Al igual que las estudiantes hindúes de pueblo acostumbran a inundar los baños para cumplir con su higiene personal, causando dramáticas cataratas en el edificio, los estudiantes vietnamitas provenientes del medio rural se lavan la ropa y hacen sus cosas en el plato de la ducha. Sus cosas son, básicamente, jiñar y dejar el tordo como homenaje al libre albedrío y regalo para el siguiente usuario. El asunto es surrealista y no hay diálogo posible. Esta peña es la primera vez que ve una ducha en su vida, con lo que se ha optado por reservarles tres duchas al fondo de la sala únicamente para ellos. Además de los pequeños vietnamitas asilvestrados y los roedores descomunales, las duchas están habitadas por un personaje sin par: Liberto, un pálido y flaquísimo estudiante colombiano de biología que, al igual que la buena de Merceditas, siente una profunda fascinación por las dimensiones inigualables de los miembros colgantes del África negra. Tanto, que pasa las tardes enteras en las duchas, hipnotizado ante tamaños genitales pendulares. Todo iba bien hasta que hace una semana el bueno de Liberto no pudo contener sus impulsos libidinales y se abalanzó sobre un joven senegalés al que previamente había bautizado como “trompa de chocolate” (sin comentarios). Evidentemente, el pobre de Liberto acabó en el hospital con varios huesos rotos y la comunidad africana decretó que el gobierno del pobre Liberto era asunto hispano: es el único colombiano que vive en la residencia y como los africanos dicen que habla como nosotros, pues es “nuestro”. Lo cierto es que más allá del incidente, Liberto es un tío muy salao y muy majo. Pelín raro, eso sí (no sale de la residencia sin un enorme abrigo militar soviético en el que literalmente se desaparece, ni sin un extraño maletín de piel del que no se separa ni en pintura. Nadie sabe lo que contiene y hay todo tipo de teorías al respecto).

Pero regresemos a la reunión de la asociación de estudiantes españoles. Una vez resuelto el tema sirio, se ha pasado a abordar la cuestión de los dos de Cocentaina, ante la exigencias de un Cangas histriónico que ha llegado a citar a un tal Dostoievski (NOTA: cuando le he preguntado a Josemi por ese tipo, se ha encolerizado porque no lo conocía. Me ha explicado que se trata de uno de los mitos de la literatura rusa y que Agustín lo citaba porque escribió un libro muy famoso que se llama Crimen y castigo. La verdad es que de todas las cosas que me ha contado Josemi de ese Dostoievski yo me he quedado con que estudió ingeniería y con el dato de que a su padre lo mataron sus siervos a garrotazos porque al parecer era un déspota de cuidao. Si amigos, siervos. Josemi me ha explicado que en Rusia el feudalismo duró prácticamente hasta antes de ayer. La gente estaba muy jodida: por eso hubo una revolución tan tocha, según él. Cada vez me molan más las chapas de Josemi. Se aprende un huevo. Eso sí, esta noche me ha venido con el libraco ese de Crimen y castigo y las lecturas imposibles con las que me asedia se me acumulan sin que me vea capaz de hincarles el diente. Cuando me pongo, a los dos minutos ya me he aburrido y me he pasado a los problemas de las asimetrías mixtas en la teoría cuántica de campos o al teorema de Haag. No lo puedo evitar). Pero volviendo al caso de los dos de Cocentaina, he de decir que el castigo ha sido tremebundo. Se ha delegado en una comisión de veteranos la decisión y, tras cinco minutos de discusión, la comisión ha optado por encomendarles la realización de un sencillo recado: ir al Ministerio de Educación soviético a recoger unos documentos para la asociación. El Cangas estaba indignado por la levedad del asunto, pero la indignación le ha durado solamente hasta que los dos pobres matemáticos han regresado del Ministerio. Básicamente esto es lo que ha ocurrido: los veteranos les han comunicado el castigo a los de Cocentaina, que se las han prometido muy felices por lo simple de la misión. Como los nuevos todavía no tenemos mucha papa de ruso, les han escrito en un papel todas las instrucciones para los funcionarios soviéticos en perfecto cirílico, diciéndoles que se lo enseñaran a los policías que custodian todo edificio oficial moscovita. Bien, cuando León y Víctor han llegado al ministerio y han exhibido gozosos el papel ante los ojos de los funcionarios de la seguridad soviética, los enormes policías se han liado a hostias con los pobres matemáticos enclenques sin mediar palabra. Los pobres han regresado a la residencia hechos un cristo y llorando a moco tendido. La cuestión es que lo que los cabrones de los veteranos les habían escrito en perfecto cirílico no era más que una retahíla de improperios eslavos entre los que hijo de puta era el más suave, de ahí que los milicianos soviéticos se hubieran despachado a gusto con los de Cocentaina sin dar crédito ante semejante temeridad y desfachatez. Ni que decir tiene que el Cangas se ha descojonado y se ha dado por satisfecho con el aterrador castigo al que se ha sometido a los pobres alicantinos, que permanecen en cama reponiéndose de la paliza. (NOTA: lo de los tacos entre los rusos es la hostia. Son unos bestias retorcidos a la hora de dar rienda suelta a su mala baba. De entre todos los improperios eslavos al uso, el que me resulta más espeluznante es “iop tbaiu mat dievit raz”, algo así como… ejem, “fóllate a tu madre nueve veces”. Además, los rusos acostumbran a meter en cada frase la expresión “¡bliad!” –“joder-”. Juancar dice que una vez le contó a un ruso veintitrés “bliads” mientras conversaba con otro “bolo” durante el breve espacio de tiempo de un viaje en ascensor. “Bolos” es como llamamos a los rusos entre la peña española y latinoamericana. Al parecer, es un mote que inventaron los cubanos. Cuando los soviéticos mandaron a Cuba a los primeros funcionarios encargados de desarrollar la cooperación con las autoridades revolucionarias de la isla, los caribeños los pusieron ante una durísima prueba: bailar salsa. El sentido del ritmo y la gracia de los movimientos de los esteparios eran tan escasos, que lo único que lograban hacer era reproducir un leve y monótono movimiento oscilatorio sobre su tronco, muy semejante al tambaleo de un bolo. De ahí el epíteto).

 

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                                Máquina soviética de mamporros

La barrabasada con Víctor y León ha sido el desfase más notable de los veteranos hasta la fecha. Cada vez me acuerdo más de las infumables historias cuarteleras de mi padre (dos años en Sidi Ifni haciendo la mili “con lanza”, como dice él). Lo que pasa es que en general son muy buena gente y a los nuevos nos ayudan mucho. Cuando les he ido con mi queja por la sobrada con los de Cocentaina se han justificado soltándome un rollo sobre el espíritu comunitario y la necesidad de que seamos solidarios entre nosotros: comerse en plan rácano la comida de otro es un mal rollo de la leche. De ahí el castigo ejemplar. Negro, estudiante de matemáticas y uno de mis veteranos favoritos (es el que representó el papel de funcionario soviético a nuestra llegada), me ha dicho algo muy raro que no he logrado entender del todo: “los de Cocentaina son unos pequeñoburgueses individualistas a los que el pueblo les ha dado su justo castigo”. Glups. A mí Negro me cae muy bien porque es de los que más me ayuda con las cosas de clase y con el ruso. Dos datos de su biografía lo convierten en un personaje sin igual: fue campeón de las olimpiadas de matemáticas en España y es el único estudiante español que en toda la historia de la Unión Soviética ha sido capaz de ganar una partida a los del club de ajedrez de la MGU. Casi ná. Un puto crack.

3 respuestas a “Crimen y castigo…”

  1. Andrés
    enero 3rd, 2008 23:57
    1

    Glorioso y apoteósico, como siempre. De todas formas, se agradecería algo más de regularidad entre las publicaciones aunque sea a costa de menos longitud en cada entrada. Vamos, que de todas formas está de puta madre, siempre que lo leo no puedo evitar dejar de partirme el orcate..

  2. Gonzo
    enero 4th, 2008 20:52
    2

    ¡Cuanto tiempo! Me ha encantado, aunque habrá muchos que a este ritmo no llegarán a enviciarse.

  3. LadinamoBlog » Blog Archive » Crimen y castigo
    enero 6th, 2008 17:08
    3

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